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2017/10/17 - 19:03

El crítico Reiner Stach propone un «nuevo» Kafka

ANGEL VIVAS

MADRID.- A Kafka, uno de los escritores más influyentes del siglo XX, tenemos que acostumbrarnos a verle de otro modo. Ni su novela más conocida era una novela, ni se titulaba La metamorfosis, ni el conjunto de su obra tiene el carácter que tenía. El Kafka del siglo XXI tendrá un rostro diferente. Los clásicos lo son porque son redescubiertos por cada generación.
El culpable de los malentendidos que hay con Kafka es, por supuesto, Max Brod, su amigo y albacea, y primer responsable de que se siga hablando del escritor de Praga. Los responsables del lavado de cara a que se le está sometiendo son los autores de la edición crítica y canónica de sus obras completas (que en España está editando Círculo de Lectores), entre ellos Reiner Stach, crítico y filólogo alemán, experto en Kafka - que prepara una monumental biografía en tres volúmenes-, que ayer pronunció una conferencia en el Círculo sobre Nuevas lecturas de Franz Kafka.
El problema de Max Brod es el mismo de algunos orteguianos en España, haberse tomado demasiado a pecho el papel de guardián de la herencia del difunto. En palabras de Reiner Stach, «Max Brod frenó la evolución de la obra de Kafka en lo que a edición e interpretación se refiere. Tuvo una intervención importante y gran mérito en la difusión de esa obra, pero no entendió que, llegado cierto momento, tenía que desvincularse de ella».
Las principales novedades de este Kafka del siglo XXI son la casi indisoluble relación entre sus escritos íntimos (diarios, cartas y otras anotaciones) y su obra narrativa, que a veces se mezclan, incluso en la misma página. Y es que para Kafka su mundo de sueños era algo muy concreto y presente, como lo demuestra una anécdota que ayer contó Reiner Stach. Cuando alguien le elogió La metamorfosis, él respondió diciendo que, efectivamente, había sido algo horrible. Como si hubiera ocurrido de verdad.
Como consecuencia de esa peculiar forma de escribir, en las antípodas del ordenado Thomas Mann, toda la obra de Kafka tiene un marcado carácter fragmentario, inacabado, como si de un presocrático se tratara. Eso fue lo que quiso corregir, seguro que con la mejor intención, Max Brod, dando un carácter cerrado a lo que no lo tenía. Seguramente, piensa Reiner Stach, porque le pareció el mejor modo de dar a conocer a un escritor casi desconocido. «Una biografía actual tiene que ensalzar ese carácter fragmentario, y explicarlo. Lo que ha dejado Kafka es como un gran paisaje de ruinas o escombros. Pero cuando se entiende su forma de creación, tenemos una mejor comprensión de Kafka».
Lo que no cambiará en la nueva percepción del escritor checo es lo que, para Stach, significa lo kafkiano, «la contradicción entre la sencillez del lenguaje y lo que narra, que es como una pesadilla incomprensible». De todo eso habló ayer el crítico alemán.

© elmundo.es


Revision: 2011/01/08 - 00:18 - © Mauro Nervi




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