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2017/10/20 - 07:06

Kafka: El enigma de los manuscritos

Guillermo Trujillo Sanchez

“¿Siguen mis enemigos el verdadero rastro

 cuando no estoy en la construcción?”

 

Franz Kafka, La construcción.

 

 

 

I. Los manuscritos

 

Al morir Kafka en 1924, entre sus papeles se encontraron dos documentos que se conocen como el "testamento", donde le pide a Max Brod, su mejor amigo, que a su muerte recoja todos sus escritos, incluidos los diarios y la correspondencia y los destruya. Brod recuperó casi todo lo que su amigo había dejado, pero no con la intención de cumplir su última voluntad, sino para contradecirla, pues consideraba a Kafka "un verdadero santo de nuestro tiempo", un profeta que había dejado un mensaje de redención y salvación para la humanidad. Esto, en realidad, no tenía nada que ver con Kafka, quien nunca fue un hombre religioso, aunque hacia el final de su vida soñó con emigrar a Palestina, y se sintió intelectualmente atraído por el jasidismo, el cual llama a un renacimiento espiritual, no sólo a través de la oración, sino también del canto, la danza y la dicha extática.

 

Pero Brod quiso imponer su punto de vista y, como la esfera de la santidad es cercana a la de la perfección, era necesario maquillar un poco la obra de Kafka, sin terminar, para que no fuera a dar la idea de algo inacabado e imperfecto, lo que podría llevar a la crítica a subvalorar esta obra capital. Fue así como Brod proporcionó títulos, encabezamientos de capítulos, tablas de contenido (para las tres novelas), puntuación y ortografía alemana estándar, en algunos casos, incluso, escribió frases de transición y finales (1). Poco de esto se sabía porque Brod mantuvo un control absoluto y exclusivo sobre los manuscritos hasta su muerte ocurrida en 1968 en Tel Aviv.

 

El proceso fue una de las obras que más sufrió con la intervención de Brod, pues sólo publicó en la primera edición de 1925, un año después de la muerte de Kafka, los capítulos que consideró terminados, dejando para una segunda edición los capítulos a su juicio sin terminar, que incluyó en un apéndice. Como Brod no pudo fundamentar las razones que le habían guiado al establecer la sucesión de los capítulos, desde mediados del siglo XX los filólogos alemanes trataron de ordenar la novela con criterios científicos, preguntándose, entre otras cosas,  dónde colocar en el cuerpo central de la obra los capítulos que Brod había mandado al apéndice, labor que se vio dificultada enormemente por la imposibilidad de acceder a los originales.

 

 

II. El Enigma

 

Después de la muerte de Brod, al quedar los manuscritos de El proceso a disposición de los especialistas, la confusión fue mayor pues los capítulos estaban en sobres sin numerar, en los que había desde una hoja hasta legajos con decenas de hojas, que correspondían a varios capítulos, sin ningún orden aparente, ya que, por ejemplo, el capítulo final en el que Josef K. es asesinado, encabezaba uno de los tres legajos que incluían varios capítulos (2). Fig 1.

 

 

A pesar de los minuciosos estudios que se hicieron de estos manuscritos, como análisis grafológico, calidad del papel, marcas de agua, formato de los cuadernos, calidad y color de la tinta, e incluso intentos desesperados por utilizar la estadística para fechar los distintos capítulos, los manuscritos permanecieron imperturbables sin dar a conocer sus secretos.  Nunca se supo por qué estaban estos capítulos reunidos en ese orden en los manuscritos. Reiner Stach, en su biografía Kafka, se hace eco de este fracaso cuando escribe que “El proceso de Kafka es un monstruo. Nada es aquí normal, nada es sencillo. Ya se dedique uno al origen, al manuscrito, a la forma, al contenido o a la interpretación de la novela, el hallazgo siempre es el mismo. Tinieblas, allá donde se mire” (3).

 

 

III. El proceso es un palimpsesto

 

Encontrar la relación existente entre los capítulos de los manuscritos, de modo que explique por qué se encuentran reunidos en un mismo legajo  y, a la vez, permita ordenar la novela, resulta imposible de lograr a partir de los capítulos mismos, como lo han podido constatar los estudiosos europeos que se han dedicado a este asunto en los últimos tiempos.  Sin embargo, a pesar de las “tinieblas” que han rodeado la novela, siempre se pensó que existía  una clave que permitiría adentrarnos en los secretos de la obra, hipótesis que cayó en descrédito al no encontrarse ninguna a pesar de los esfuerzos hechos para encontrarla.

 

Pero  la clave existe:

 

"El proceso es una parodia de Crimen y castigo en la que Kafka utiliza la obra de Dostoievski para narrar de manera críptica algunos aspectos de sus relaciones con Felice Bauer, particularmente las relativas a su fallido compromiso matrimonial, cuya ruptura es el tema principal de la novela" (4).

 

Partiendo de este hecho clave, el análisis nos permite establecer las relaciones que existen entre los capítulos de los manuscritos, y el enigma desaparece.

 

 

IV. Los bloques

 

El proceso es una estructura monumental construida con “bloques” de Crimen y castigo, que le dan la forma y solidez de una muralla, tras la cual Kafka intentó proteger su intimidad. Los bloques son de distinto tamaño y se utilizan en variadas proporciones. Hay bloques que salen de un solo capítulo y otros que constan de varios. En total se han identificado diez bloques que Kafka usa de forma sistemática, correspondiendo casi siempre a un bloque de Crimen y castigo un bloque de El proceso. De ahí que la novela de Kafka esté armada a la manera de un rompecabezas cuyas piezas —los capítulos— encajan perfectamente unos con otros. Por lo tanto, al identificar los bloques con que está hecho cada capítulo y ensamblar las piezas, queda resuelto automáticamente el problema del orden, ya que solo se necesita respetar la continuidad de la estructura.

 

Los bloques tienen todos funciones estructurales y anecdóticas precisas. De los tres encuentros de Raskolnikov con Porfirio, por ejemplo, salen sendos bloques que son la columna vertebral de la novela. El primero de estos encuentros, en la casa de Porfirio, es el bloque con el que Kafka construye el capítulo “El tío”, una copia fiel del original. Sólo hay que reemplazar a Raskolnikov por Josef K., a Razumikin por el tío, al juez Porfirio por el abogado Huld y al secretario de la comisaría por el señor director de la secretaría. De lo anterior se saca una conclusión tan sorprendente como esclarecedora: el abogado defensor de Josef K. es en realidad el juez que lo persigue; eso explica la presencia del retrato del juez de instrucción en el despacho del abogado, y lo contraproducentes que resultan para Josef K. las gestiones de su defensor.

 

En una estructura todas sus partes son importantes, pero existen piezas que son fundamentales, como las bases y las columnas que la sostienen. En el caso de El proceso existe un bloque que destaca por su tamaño e importancia, con el que Kafka construyó el principio y el final de la novela, y que le sirvió para trazar el plan general de la obra, cuya estructura este bloque sostiene. El bloque está compuesto por los tres primeros capítulos de la segunda parte de Crimen y castigo, que Kafka utiliza siguiendo la dirección de la grafía hebrea, de derecha a izquierda, como muestra la figura 2.

 

 

Estos capítulos de El proceso, que salen del bloque en cuestión, hacen parte de los Legajos 1 y 2 de la figura 1. De ahí que los manuscritos —en conjunción con el bloque— nos cuentan una historia llena de revelaciones, que explican muchas cosas. Resulta obvia, a estas alturas, la razón por la cual se encuentran reunidos los capítulos de los legajos 1 y 2, ya que tienen la misma raíz, salen del mismo bloque. El orden en que aparecen los capítulos en los manuscritos, muestra que Kafka trabajaba por “locaciones”, como hacen los cineastas, que graban de una vez todas las escenas que corresponden a un determinado espacio, y luego en el proceso de edición las colocan en el lugar correspondiente.

 

En el caso de Kafka, las locaciones son los bloques de Crimen y castigo, que Kafka agotaba de una vez, escribiendo en forma simultánea o en sucesión todos los capítulos que salían de un mismo bloque o grupo de bloques. Esto explica por qué el capítulo “La amiga de B.”, que sale de un bloque distinto, fue escrito después de “Primer interrogatorio” y “En la sala vacía”, cuando en el orden de la novela es anterior a ellos. Lo más probable entonces es que Kafka trabajó simultáneamente en los dos legajos, escribiendo al tiempo el principio y el final de la novela, los dos extremos de la obra, que saca de dos capítulos consecutivos de Crimen y castigo, como muestra la figura 3. Así,  Kafka fue uno de los primeros escritores, si no el primero, en utilizar el montaje cinematográfico como técnica literaria, incluso antes que los cineastas.

 

 

Kafka usa la obra de Dostoievski profusamente, a veces con una literalidad pasmosa, hasta el punto que no se entiende cómo es posible que hasta el presente no se hubiera visto la semejanza entre las dos obras (5). Kafka concibe las escenas de la Detención, que corresponden a la primera parte del capítulo primero, en las que Josef K., tras despertar, es detenido en su habitación, a partir del despertar de Raskolnikov, tras varios días de estar entre el delirio y la inconsciencia, en el que no sabe qué pasa a su alrededor y cree que las autoridades ya saben de su crimen y se disponen a detenerlo. Prácticamente todas las escenas de esta parte de El proceso salen del tercer capítulo de la segunda parte de Crimen y castigo: el hombre extrañamente vestido que entra a la habitación de K.; el desayuno de K. que se comen los agentes; la ropa que le quieren robar y el hecho de obligarlo a cambiarse de ropa; la patrona que mira a hurtadillas al inquilino, como si se sintiera culpable de algo; el vaso de licor; la actitud de K., que piensa que probablemente todo ese asunto de la detención no es más que una broma que le quieren jugar los compañeros de trabajo el día de su cumpleaños, etc. Basta hacer una lectura paralela de estos dos capítulos, para tener una idea bastante aproximada de la forma como Kafka parodia la obra de Dostoievski.

 

En cuanto a la última escena de El proceso, en la que Josef K. y sus verdugos llegan a una pequeña cantera, desierta y solitaria, situada en las afueras de la ciudad, sale de la escena del capítulo (2,II), en la que Raskolnikov llega a un lote desierto y solitario en las afueras de la ciudad en el que, bajo una piedra, esconde los objetos robados a la vieja. Sobre esa piedra los verdugos recuestan a Josef K. y lo asesinan “como un perro”. En este capítulo (2,II) de Crimen y castigo, luego de esconder los objetos robados, Raskolnikov visita a su amigo Razumikin en su cuarto; luego, camino a su buhardilla, un cochero que estuvo a punto de atropellarlo, le da latigazo en la espalda y, finalmente, al acostarse en su sofá tiene una terrible pesadilla en la que su patrona es torturada brutalmente. De estas escenas sale por completo el capítulo El flagelador. Fig. 4.

 

 

Estos tres capítulos, que  Kafka sin duda concibe simultáneamente, tienen una característica interesante y es que son los únicos en los que la Ley utiliza la fuerza. En el primer capítulo, los guardianes obligan a K. a permanecer en su cuarto y antes del interrogatorio con el inspector lo obligan a cambiarse de ropa; en El flagelador los dos agentes son azotados con un látigo; y en el Fin, K. es acuchillado en el corazón.

 

Del capítulo primero de la segunda parte (1,II), en el que Raskolnikov va a la comisaría atendiendo una extraña citación, que él supone es una trampa para detenerlo, salen los capítulos Primer interrogatorio y En la sala vacía. El estudiante. Las oficinas, como muestra la figura 5.

 

 

El profesor Pietro Citati en su biografía Kafka identifica la sede del Tribunal de El proceso como el edificio de la comisaría de Crimen y castigo adonde acude Raskolnikov: “Al escribir El proceso Kafka ha rendido un leve homenaje a su gran maestro al identificar las oficinas de la policía de Crimen y castigo, donde reina Porfiri Petrovich, el bufonesco juez del “subsuelo”, con la primera sede del Tribunal, como para significar que también él había bajado al “subsuelo” de Dios. La primera casa del Tribunal es alta, gris, habitada por gente pobre: el pasillo está lleno de cajas cerradas, tres entradas llevan a otras tantas escaleras; en la escalera por donde sube Josef K., las puertas de los apartamentos están abiertas, y en las pequeñas habitaciones-cocinas, las mujeres tienen en los brazos a los niños de pecho y trabajan en las hornallas y muchachas semidesnudas corren atareadas. En el quinto piso, sede del Tribunal, una mujer lava pañales en un cubo: en la escuálida habitación vecina el aire está lleno de vapores, la luz sucia del día vuelve blancuzca y enceguecedora la atmósfera; en el piso superior, donde están los desvanes, hay un largo corredor, dividido por puertas rotas, casi sin luz, con largos bancos de madera, en los que esperan los acusados, con la espalda doblada y las piernas encogidas, semejantes a mendigos. Detrás de simples verjas de madera están los despachos, donde los funcionarios pasan la noche: los inquilinos cuelgan la ropa para que se seque; el aire es sofocante y pesado y Josef K. está a punto de desvanecerse como Raskolnikov en la oficina de San Petersburgo.” (6)

 

Dicho sea de paso, en realidad la sede del Tribunal corresponde por lo menos a cuatro lugares distintos de Crimen y castigo, ya que, en un plano general, es la casa de la vieja usurera, "un edificio de dimensiones colosales"; el interior del edificio del Tribunal es la comisaría adonde llega Raskolnikov, que describe muy bien Citati; la sala de audiencias, en la que Josef K. es interrogado, es la habitación de Catalina Ivanovna, quien es la encargada de recibirlo; y en el desván del quinto piso, donde funcionan las oficinas del Tribunal, se encuentra la sala de espera salida de la buhardilla de Raskolnikov. Es así como Kafka desmonta las locaciones de Crimen y castigo y, a la manera de un juego de mecano, con esos materiales construye su topografía imaginaria mediante una condensación de tipo onírico.

 

Kafka, como maestro artesano consumado que era, concibe y empieza el proceso de escritura con el principio y el final de la novela, imprimiéndole una dirección inequívoca a la obra, muy conveniente por lo demás, dadas las dificultades técnicas del proyecto, que hacía necesario trabajar de acuerdo con un plan estricto, un guión de hierro, si se quería llevar a feliz término esta complejísima obra, que se adelantaba décadas a las técnicas narrativas más avanzadas tanto de la literatura como del cine, y que tienen como base operativa los mecanismos del sueño. El proceso es una gran obra de arquitectura literaria con una estructura predeterminada en todos sus detalles fundamentales, gracias al sofisticado grado de sistematización y control de la escritura kafkiana, que contradice la creencia muy difundida entre sus biógrafos de que Kafka era un improvisador, un iluminado desbocado “que se dejaba arrastrar por una corriente de asociaciones”, que “podía indicarle la dirección, pero casi nunca la meta” (7).

 

Una pregunta que surge de inmediato es  ¿por qué Kafka escogió estos capítulos de la segunda parte de Crimen y castigo para empezar la construcción de su obra? Una respuesta probable es la astucia dramática de Kafka, que al empezar la novela con los primeros capítulos de la segunda parte de Crimen y castigo, nos introduce en la trama después de aquello, enfrentándonos a una serie de personajes y situaciones que no comprendemos en absoluto, pues no tenemos noticia alguna del crimen del capítulo anterior, entrando de inmediato en los terrenos del misterio y del absurdo. Imaginemos por un momento que Dostoievski hiciera lo mismo; que no mencionara el crimen de Raskolnikov en toda la obra, que no supiéramos nada del asesinato de las dos mujeres, pero en cambio aparecieran todas las escenas —lavadas de crimen— con sus personajes, lugares y situaciones. En este caso tendríamos un Crimen y castigo muy distinto al que conocemos —sin crimen—, un Proceso enigmático, surrealista y sin sentido.

 

 

V. Construcción de los primeros capítulos de El proceso.

 

Para facilitar la exposición, vamos a dividir el primer capítulo de El procesoDetención. Conversación con la señora Grubach. Después con la señorita Bürstner—en Detención y Conversaciones, que a su vez subdividiremos en Detención, Interrogatorio con el inspector, Salida de K. en dirección al Banco, En el portal, Conversación con Frau Grubach y Conversación con la señorita Bürstner, como se ilustra en la figura 6.

 

 

La primera parte del capítulo —la detención—,como ya vimos, sale del tercer capítulo de la segunda parte (3,II); la segunda parte, o sea el interrogatorio que hace el inspector a Josef K. en el cuarto de la señorita Bürstner, sale principalmente del encuentro de Porfirio Petrovich y Raskolnikov en la comisaría (5,IV), en el que  Porfirio le da a entender a Raskolnikov que sospecha de él. Raskolnikov se enfurece y le exige que lo interrogue de acuerdo a los procedimientos ordinarios de la justicia, que diga de qué se le acusa y que si lo considera culpable que lo arreste. Pero Porfirio dice que por el momento no piensa detener a nadie, y que el asesino puede seguir andando libre, ya que él sabe que no escapará, pues tarde que temprano se perderá en el laberinto de la ley y terminará entregándose a la justicia, situación esta semejante a la de Josef K. Este interrogatorio del inspector a Josef K. está, además, ambientado con los encuentros de Raskolnikov y Sonia (4,IV) y (4,V), y con la escena en la que aquél regresa en sueños al lugar del crimen (6,III), como muestra la figura 7.

 

 

La escena en la que Josef K. sale a la calle para tomar un taxi y dirigirse al Banco esa mañana de la detención, y la que sigue, cuando regresa a la pensión ese día en la noche y encuentra en el portal a un muchacho fumando pipa —Philka—, salen de las escenas en las que Svidrigailov encuentra y visita a Raskolnikov —(4,III), (6,III), (1,IV)—, encuentro que Kafka utilizará principalmente en La amiga de B., y de manera notable en la sala de espera de las oficinas del Tribunal, como señala la figura 8.

 

 

Kafka anuda la primera parte de la novela con la cena fúnebre que Catalina Ivanovna organiza en honor de su difunto marido Marmeladov, lo que es una de las tantas bromas que Kafka se permite con Felice, pues con el rompimiento del compromiso matrimonial muere el novio, y por consiguiente el marido. Esta cena Kafka la utiliza en La amiga de B. en el Primer interrogatorio y en La sala vacía, como indica la figura 9.

 

 

 

La figura 10 resume lo que hemos visto hasta el presente sobre la construcción de los primeros capítulos de El proceso a partir de bloques de Crimen y Castigo.

 

 

 

VI. Construcción de los últimos capítulos de El proceso.

 

En la construcción de los últimos capítulos de El proceso, Kafka utilizó la primera y la última parte de Crimen y castigo, incluido el epílogo, lo que muestra la forma sistemática como escribió su novela a partir de la de Dostoievski. En el capítulo Fin, Kafka narra la última caminata de K., que hace en compañía de sus verdugos desde su habitación hasta el patíbulo. Este recorrido Kafka lo construyó utilizando básicamente tres caminatas de Raskolnikov: las dos caminatas que hace a las afueras de la ciudad; la primera cuando supo del matrimonio de su hermana y salió a la calle sin rumbo fijo con la idea fija de impedir ese matrimonio (4,I) y (5,I); y la segunda para esconder los objetos robados a la vieja (2,II). La tercera caminata es la que hace en el capítulo final (8,VI) de la casa de Sonia a la comisaría para entregarse. También hay algunas reflexiones de K. que salen de (7,VI), como muestra la figura 11.

 

 

 

Los capítulos Visita a casa de la madre y Un sueño, muy relacionados entre sí pues son los que Kafka dedica a los padres de K., también hacen parte del final de la novela. El primero sale de los capítulos de Crimen y castigo en los que la madre de Raskolnikov tiene un papel protagónico, como el capítulo (3,I) en el que la madre, a través de una extensa carta, le describe en detalle las difíciles condiciones en las que viven ella y su hija, la hermana de Raskolnikov, cuyo matrimonio anuncia en esa carta; el capítulo (4,I) en el que Raskolnikov reflexiona sobre su derecho a impedir el matrimonio; y los capítulos finales (7,VI) en el que Raskolnikov se despide para siempre de su madre; y la primera parte del epílogo en el que se relatan los últimos días de Pulkeria, afectada por una enfermedad nerviosa, cuando su hijo se encontraba ya en Siberia. Este capítulo de El proceso es uno de los más literales de la novela dada la estrecha relación entre los textos de Kafka y Dostoievski. En cuento a Un sueño sale por entero del sueño de Raskolnikov, premonitorio de su asesinato, en el que se ve de la mano de su padre camino al cementerio a visitar la tumba de su abuela y la de su pequeño hermano (5,I). Fig. 12.

 

VII. Construcción de los capítulos intermedios.

 

Kafka construye los capítulos intermedios con base principalmente en los  tres encuentros que tienen Raskolnikov y Porfirio, encuentros que pueden considerarse la columna vertebral de la obra. Del primer encuentro en casa de Porfirio (5,III), donde se conocen el juez y el asesino, sale el capítulo El tío, donde se conocen el abogado y el cliente; el segundo encuentro en la comisaría, donde Porfirio interroga a Raskolnikov, lo emplea Kafka principalmente en el capítulo primero, en el interrogatorio que hace el inspector a Josef K., y en el capítulo Abogado. Industrial. Pintor. Este capítulo también lo utiliza Kafka en el Primer interrogatorio. El tercer encuentro en la buhardilla de Raskolnikov (2,VI), en el que Porfirio le demuestra a Raskolnikov que él es el asesino y le aconseja que se entregue, es empleado con liberalidad en Abogado. Industrial. Pintor, El comerciante Block. Despido del abogado, y En la catedral, como muestra la figura 13.

 

 

El primer encuentro entre Raskolnikov y Porfirio no fue fortuito, sino astutamente planeado por Porfirio en la reunión que hicieron para inaugurar el apartamento del tío de Razumikin donde se conocieron Porfirio y el secretario de la comisaría, y a la que asistieron jueces, funcionarios, abogados y estudiantes de derecho (7,II). De este capítulo sacó Kafka el Fiscal. De otro lado, la primera parte de El tío sale de las escenas en las que Razumikin conduce a Raskolnikov a casa de Porfirio (4,III) —como el tío de K. conduce a éste a casa del abogado— y encuentran de visita en casa del juez al secretario de la comisaría —como encuentran de visita K. y el tío en casa del abogado al presidente de la secretaría—. Estos tres capítulos los consideraremos parte del mismo bloque.

 

Los capítulos Abogado. Industrial. Pintor y En la catedral comparten elementos salidos de la última noche de Svidrigailov en el hotel Adrianópolis (6,VI). Esa fría noche, antes de suicidarse la mañana siguiente, Svidrigailov tuvo dos pesadillas. Primero vio un féretro en el que reposaba una joven de catorce años, que años atrás había violado, por lo que la joven se suicidó ahogándose; luego, tiene una aparición, una niña de apenas cinco años, cuyo rostro tenía una expresión desvergonzada, impúdica, provocativa…, el reflejo de la depravación… Algo espantosamente abyecto y repugnante… Aquella risa, aquellos ojos y aquel rostro pueril reflejaban a las claras la ignominia. De esta niñita salen la jorobadita y sus amiguitas, las niñas del tribunal, quienes a pesar de su corta edad, estaban ya totalmente corrompidas y sus rostros traslucían una mezcla de infantilismo y degeneración. El comerciante Block. Despido del abogado sale por completo del tercer encuentro entre Raskolnikov y Porfirio. Fig. 14.

 

 

Para la construcción de Leni, Kafka tomó elementos de los encuentros de Raskolnikov y Dunia de los cuatro primeros capítulos de la tercera parte y, sobre todo, del último encuentro en la buhardilla cuando se despiden para siempre (7,VI). Dunia le pide a Raskolnikov —como Leni a K.— que confiese, pero Raskolnikov—como K.— se niega a admitir su culpabilidad. La escena en la que K. le muestra a Leni una foto de su novia Elsa, es una parodia de la escena en la que Raskolnikov le muestra a Dunia una foto de Natalia, su novia muerta, y con la que se iba a casar. Fig. 15.

 

 

 

La figura 16 sintetiza las relaciones que hemos visto entre las dos obras y da una imagen precisa de la génesis dostokafkiana de El proceso.

 

 

 

 

VII. La edición de Max Brod.

 

Brod ordenó los primeros capítulos de El proceso siguiendo el orden sugerido en los dos primeros legajos (fig. 1), ordenamiento que ha sido objeto de múltiples cuestionamientos. Tabla I.

 

Tabla I

1. Detención.      

2. Conversaciones

3. Primer interrogatorio

4. En la sala vacía

5. La amiga de B.

6. El verdugo

 

La principal objeción a este orden es que el capítulo La amiga de B. debe ir de tercero y no de quinto de acuerdo al contenido de la obra, ya que la temporalidad del relato no deja lugar a dudas:

 

1.                              Detención —martes en la mañana. 

2.                              Conversaciones —el mismo martes en la noche.

3.                              La amiga de B. — primer domingo, cinco días después.

4.                              Primer interrogatorio —segundo domingo.

5.                              En la sala vacía —tercer domingo.

 

Seguramente después de una lectura más atenta de la obra, Brod así lo reconoció en el postfacio a la tercera edición de 1946, en donde escribe que probablemente Kafka tenía pensado este capítulo en el lugar que dicen le corresponde. A pesar de todo, la novela siguió apareciendo con el orden que inicialmente Brod le dio, hasta la última edición de las obras completas en la que apareció la edición "definitiva" de la editorial Fischer, en la que mandaron el capítulo La amiga de B. a la picota del apéndice con grave perjuicio para la obra como se verá, pues rompe la continuidad de la estructura.

 

La gráfica 17, que representa la estructura de estos capítulos en el orden de la edición de Brod, en la que los distintos colores corresponden a los  distintos bloques que la conforman,  evidencia una grave falla: los capítulos están separados, los bloques no encajan, la estructura está desvertebrada, no tiene continuidad.

 

 

 

 

Pero si ponemos La amiga de B. como capítulo tercero, la estructura se solidifica, pues las piezas se ensamblan, encontrando así el orden correcto en el que deben ir las fichas del rompecabezas Fig. 18.

 

 

 

 

VIII. Las partes de El proceso.

 

Si unimos las estructuras parciales, representadas en la figura 16, tenemos la estructura completa y el orden de los capítulos. Fig. 19:

 

 

 

A simple vista se ve que la obra tiene tres partes claramente definidas, que recuerdan el sistema de construcción parcial del relato La muralla china. La fig.20 es una representación esquemática y simplificada de la procedencia de las tres partes de El proceso.

 

 

 

IX. La construcción.

 

La “estructura” fue uno de los secretos de Kafka mejor guardados, lo que explica que, hasta el presente, no se conozcan los cuadernos de trabajo o documentos en los que se puedan apreciar  los esquemas de las estructuras de sus obras. Estos materiales, que debieron ser voluminosos, lo más probable es que hayan desaparecido devorados por el fuego. Una pérdida lamentable porque en el “taller de Kafka” se encontraban valiosos descubrimientos literarios, verdaderos tesoros del oficio de escritor, taller que, además, daba fe de los ingentes esfuerzos que le demandaba a Kafka la escritura de sus obras, de lo cual dejó numerosos testimonios en los Diarios. Pero la “estructura” era su máximo orgullo y no la rodeó de un silencio absoluto, refiriéndose a ella alegóricamente, como era su estilo, en narraciones como La construcción y Preocupaciones de un jefe de familia.

 

La construcción, escrita en el último año de su vida, se inicia con las siguientes palabras:

 

“He presentado la obra y me parece bien lograda. Desde afuera sólo se ve un gran agujero que en realidad no conduce a ninguna parte, ya que a los pocos pasos se tropieza con roca. No quiero jactarme de haber ejecutado esta treta en forma deliberada; es más bien el sobrante de uno de los numerosos y vanos intentos de construcción, pero finalmente, me pareció ventajoso dejar este agujero sin rellenar. Desde luego hay astucias que, por sutiles, se aniquilan por sí solas, eso lo sé mejor que nadie, e indudablemente constituye una audacia llamar la atención con este agujero sobre la posibilidad de que aquí exista algo digno de ser investigado. Sin embargo, se equivoca quien crea que soy cobarde y que sólo por cobardía ejecuto la obra. A unos mil pasos de este agujero se halla, cubierto por una capa de musgo suelto, el verdadero acceso, tan bien asegurado como puede estarlo algo en el mundo; naturalmente, alguien podría pisar el musgo o levantarlo; entonces mi obra quedaría al aire y quien tuviera ganas —nótese, sin embargo, que se requerirían dotes no demasiado frecuentes—podría penetrar y destruirlo todo para siempre.”

 

En La construcción —que podemos considerar su testamento literario—, Kafka expresó los temores que lo asaltaban de sólo pensar en la posibilidad de que sus enemigos —los lectores—, pudieran penetrar en su madriguera, la “estructura”, en cuyo interior quería permanecer oculto y solitario, protegiendo su intimidad, pues “la he hecho para mí, no para visitantes”. Pero Kafka estaba perdido; su fortaleza no era inexpugnable: bastaba que un ser insignificante, “cualquier pequeño ser repugnante”  lo siguiera con curiosidad, para que, “sin saberlo, se convierta en el guía del mundo contra mí”.

 

 

X. El apéndice

 

Franz Kafka concibió El proceso con unas reglas de construcción claras y sólidas, y cuando las dejó de lado, se encontró en un callejón sin salida. Desde el punto de vista macro, la regla más importante es, sin duda, que a bloques de Crimen y castigo, corresponden bloques de El proceso. Si se mira la estructura, se comprobará a simple vista que los colores están agrupados, lo que indica que su distribución en la estructura no es fruto del azar. Precisamente por eso hablamos de “estructura”, porque es una construcción coherente en el que las piezas se ensamblan de acuerdo a un plan determinado. Entre más respeta Kafka la estructura de Dostoievski, mejor le queda la propia; y cuando trata de apartarse, de romper la estructura de Crimen y castigo, se mete en problemas y termina abandonando el capítulo.

 

El capítulo Fiscal ejemplifica muy bien  esto; es un capítulo intermedio que Kafka quiere poner entre los últimos. Razumikin, el amigo de Raskolnikov, tenía un tío que vivía en el campo —como K.—, que decidió establecerse en San Petersburgo. Para inaugurar el apartamento hicieron una reunión a la que asistieron jueces, funcionarios de la comisaría, abogados y estudiantes de derecho. Este pasaje de Crimen y castigo, antecedente del primer encuentro de Raskolnikov y Porfirio, que Kafka recrea en El tío,  inspiró el Fiscal. Era un capítulo intermedio. Pero Kafka utilizó al final del capítulo la primera parte de Crimen y castigo, con la que construyó el final de la novela —color verde—, lo que introducía serias perturbaciones en la estructura de la obra, Fig. 19.  Kafka interrumpió el final del Fiscal, en el que aparecen la madre y el padre de K., y empezó un capítulo diferente, Viaje a casa de la madre —y probablemente Un sueño—, lo que explica porqué Fiscal y Viaje a casa de la madre están en los manuscritos, el uno a continuación del otro. Fiscal, pues, no es un capítulo inconcluso, sino mal terminado. Kafka concibió en un principio Fiscal y Viaje a casa de la madre como un mismo capítulo, pero se dio cuenta que eran dos capítulos distintos y los separó, aunque en los manuscritos, como está dicho, quedaron el uno a continuación del otro (Fig. 1). Por supuesto, Viaje a casa de la madre es la versión kafkiana del viaje de Raskolnikov a casa de la madre para despedirse de ésta antes de entregarse a las autoridades.

 

Un sueño es el capítulo que Kafka le dedicó al padre en la novela; es el más corto, el más denso y el más hermoso. Brod lo encontró entre los legajos de El proceso, pero consideró erróneamente que estaba sin terminar y, para peor, como Kafka lo había publicado como relato independiente, no sintió la necesidad de publicarlo ni siquiera en el apéndice de la novela, error que han venido cometiendo desde entonces los editores. Kafka sentía un aprecio especial por ese capítulo. Las narraciones de  Un médico rural están dedicadas al padre porque Kafka incluyó en ellas este capítulo, que, contrariando su costumbre, publicó varias veces en vida. Uno de los errores más lamentables en las ediciones de El proceso es no haber incluido este capítulo principal en la novela.

 

A casa de Elsa no es un capítulo inconcluso, sino un capítulo corto, cuyo tamaño no da cuenta de su importancia, pues es un capítulo puente con el que termina la primera parte de la novela y en el que se anuncia lo que vendrá en la segunda. Como K. había decidido no atender más las citaciones del Tribunal, éste le hace una última citación perentoria advirtiéndole sobre las graves consecuencias que tendría para él no atender este requerimiento. Cuando preguntó que pasaría si no iba, “Sabremos encontrarle”, fue la respuesta. Y eso es lo que sucede en la segunda parte de la historia, en la que el Tribunal lo obliga a presentarse ante él a través de terceros sin que K. se de cuenta. Primero el tío lo lleva a casa del abogado —que en realidad es el juez— donde éste lo espera en compañía del Director de la Secretaría, es decir, el tribunal en pleno; luego, el comerciante le da la dirección de Titorelli, cuya buhardilla hace parte de las oficinas del Tribunal, a donde se dirige K. inmediatamente; y, finalmente, el director del banco le pide que sirva de guía turístico de un cliente italiano con el que se queda de encontrar en la catedral donde lo espera el capellán de la prisión. Y así fue K. obligado a comparecer ante el Tribunal, que lo encontró culpable.

 

 

Colofón

 

Muchos se preguntarán por qué Kafka escribía de manera tan complicada, por qué tenía que utilizar la novela de otro autor para contar sus propias historias. La respuesta es que Kafka sentía una necesidad imperiosa de escribir sobre su vida personal más íntima, pero era a la vez un hombre nada indiscreto, frío y distante, afecto al secretismo como pocos, incapaz de exponer su corazón al desnudo ante la mirada curiosa de los lectores. La manera  como resolvió el dilema honra su genialidad: utilizó, cual cazador furtivo, Crimen y castigo para que fueran los ocultos personajes de Dostoievski los que contaran su biografía íntima, y dejó a sus propios personajes la tarea de representar una obra magnifica, cautivante y misteriosa, que distrajera a los lectores, sin lograr del todo su objetivo, pues no pudo impedir que la historia latente perturbara a los más agudos, que incómodos presentían algo más allá del texto, sin lograr nunca precisar qué era. De ahí la búsqueda de una clave y la nutrida gama de interpretaciones que desde décadas ha enriquecido la bibliografía kafkiana.

 

Kafka no copia a Dostoievski, sino que utiliza su novela con una economía de recursos magistral para poder contar algo que de otra manera sería imposible sin caer en el improperio y la vulgaridad. Kafka logra expresar en una frase y al mismo tiempo lo que se puede decir públicamente y los pensamientos más sórdidos y oscuros que la discreción y las conveniencias obligan a ocultar. En una carta a Ottla, su hermana menor, del 10 de julio de 1914, cuando el tema del rompimiento del compromiso matrimonial de Kafka y Felice estaba caliente, escribe: "Yo, Ottla, no escribo como hablo, ni hablo como pienso, ni pienso como debería pensar, y así de largo hasta la más profunda oscuridad". Y remata la carta con la siguiente postdata, que lo pinta de pies a cabeza: "Salúdame a todos. No enseñes esta carta a nadie, ni la dejes a la vista. Sería mejor que la rompieras en pedazos, y que después los repartieras entre las gallinas del patio. No tengo secretos con las gallinas".

 

El palimpsesto le permite a Kafka expresar con toda la crudeza posible y en secreto lo que  piensa de Felice, la novia con la que se iba a casar y que aparece en El proceso como tres personajes distintos. Está Fräulein Bürstner, la callejera, cuyas iniciales F. B. coinciden con las de Felice Bauer, que representa a la Felice soltera y liberada, la mujer independiente que frecuentaba tabernas en donde bailaba tango, un baile considerado indecente, hasta altas horas de la madrugada. Esta señorita Bürstner, cuyo apellido significa "follar", en la historia secreta es Sonia, la prostituta de Crimen y castigo. En la novela también aparece Felice, tal y como se la imaginaba Kafka casada, ahora encarnada en su patrona, la señora Grubach, una mujer gorda, metiche, estúpida y camandulera, que caracteriza a través de Praskovia Pavlovna, la patrona de Raskolnikov, de la que Dostoievski dice que era "pudibunda más allá de toda necesidad". Por eso la habitación de la señora Grubach estaba amoblada con muebles grandes y pesados como los que escogió Felice para su frustrada vida matrimonial con Kafka. Además de la prostituta y la mojigata, tenemos la víctima, la novia abandonada que clama venganza, que no es otra que Alena, la vieja usurera que Raskolnikov asesina, la primera que aparece en escena, quien mira a Josef K. con curiosidad inusitada, como nota el propio K., cuando al despertar, abre los ojos y la ve detrás de la ventana momentos antes de su detención.

 

Kafka logra estas caracterizaciones mediante diálogos, lugares o situaciones salidas de Crimen y castigo, trayendo a veces escenas completas con una literalidad increíble. Es el caso de la escena en la que Raskolnikov confiesa a Sonia su crimen, sin sospechar que tras la puerta que comunica la habitación de Sonia con una habitación que suponen vacía, Svidrigailov escucha las palabras del asesino. En El proceso Josef K. "confiesa" a la señorita Bürstner, con un tono dramático en el cual asoma la burla, la detención de esa mañana y el interrogatorio que se llevó a cabo en el cuarto de ella, sin sospechar que tras la puerta de la habitación de la señorita Bürstner que comunica con una habitación que K. supone vacía, escucha las palabras de K. el capitán Lanz, sobrino de la patrona y el vivo retrato de Svidrigailov según la descripción de esos personajes en las dos novelas. Así las cosas, Josef K. es Raskolnikov, Fräulein Bürstner es Sonia y el capitán Lanz es Svidrigailov. Pero, a decir verdad, las cosas no son tan simples, pues a veces Josef K. es Svidrigailov, el hombre que se quiere casar con Dunia, su hermana en la novela de al lado, e incluso Lujine, su  prometido. El proceso tiene como tema central el rompimiento del compromiso matrimonial de Kafa y Felice, pero uno de sus temas colaterales principales es el incesto, con el que Kafka se divierte tras las puertas herméticas del palimpsesto.

 

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(1) Anderson, Mark M., Virtual Zion, pag. 2 (http://www.kafka.org/essays/anderson.htm)

(2) Reuss, Roland, Zur Kritischen Edition von “Der Process” im Rahmen  der Historisch-Kritischen Franz kafka Ausgabe, pags 17-19 (www.kafka.org.....)

(3) Stach, Reiner, Kafka. Los años de las decisiones, pag. 578, Traducción de Carlos Fortea, Editorial Siglo XXI, Madrid, 2003, 708 págs.

(4) Sánchez Trujillo Guillermo, Crimen y castigo de Franz Kafka, Universidad Autónoma Latinoamericana, Medellín-Colombia, 2002.

(5) Una discusión completa sobre las relaciones entre las dos obras se encuentra en el libro de la nota anterior.

(6) Pietro Citati, Kafka, Ediciones Cátedra, S.A., 1993, pag. 124

(7) Stach, Reiner, Kafka. Los años de las decisiones, pag.


Revision: 2011/01/08 - 00:18 - © Mauro Nervi




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